“Mãe das Dores” - “Mãe das Dores e Manto Protetor da Virgem”

Abismos do mal e teopoética da redenção

Autores

  • Margit Eckholt Universität Osnabrück

DOI:

https://doi.org/10.23925/2236-9937.2022v27p43-61

Resumo

La imagen de la Madre de los Dolores está profundamente inscrita en la memoria cristiana y es una importante expresión de su iconografía, principalmente, desde las escenas medievales de crucifixión en escultura o pintura; esta motivación también ha acompañado los diversos procesos misioneros. “Bajo la cruz, de la que cuelga el Señor, ahora estás de pie, mujer, rodeada de tristeza. ...Aquel que nació para convertirte en rey, ahora reina desde la cruz sobre toda la tierra. Estás con él y llevas la espada en el corazón, Madre del dolor”, es la traducción del poema medieval “Stabat mater” de la poetisa alemana Maria Luise Thurmair de 1940María en la Cruz es la Madre de los Dolores, a quien, ante el sufrimiento del Hijo, la espada traspasa su corazón; es también la “Pietà”, la.  Madre cuyo dolor ante la muerte del Hijo, cuyo cuerpo mantiene abrazada, es expresión de una impresionante dignidad. Al hacer suya esta imagen hoy en día –como por ejemplo, en la estación del Vía Crucis de la Iglesia del pueblo de Arcatao en El Salvador, en la frontera con Honduras en la llamada “Zona Roja” de los tiempos de la guerra civil–, las personas también se ofrecen mutuamente esta dignidad. Una escena de la celebración de la liturgia del Viernes Santo en la Capilla San Cayetano, en la diócesis de Merlo-Moreno –en el extremo noreste de Buenos Aires– ha quedado grabada en mi memoria: nosotros, un grupo de teólogas alemanas, habíamos participado en el Vía Crucis que, similar a una interpretación de la Pasión, fue preparada por jóvenes de la comunidad. En el momento de la adoración a la Cruz, una anciana, pequeña, delgada, frágil, hacía el papel de María; está parada la lado de la cruz y recibe la cruz con el cuerpo de Cristo, donde los participantes de la liturgia pegaban una palabra o una imagen de lo que era su cruz: desempleo, soledad, violencia sexual, abuso, apatía, falta de oportunidades educativas, etc. María recibe los dolores que traen las mujeres, los hombres, los niños e incluso los invitados del lejano norte aquí congregados; ella los llora y luego los lleva a la tumba. En esta imagen de la Madre de los Dolores se concentra el dolor, el sufrimiento ante la violencia y las penurias, frente a los abismos del mal que se han acumulado y siguen acumulándose en la historia y que ninguna teodicea puede terminar de “explicar”. María, la madre, está de pie aquí al lado del Hijo en el momento en que todo parece estar “apagado”, sosteniendo el cuerpo en sus brazos. Ella misma lleva una “espada” atravesada en el corazón, ella misma está completamente afectada por este dolor del Hijo. Pasión y compasión se tocan aquí, ambas se condensan en toda vulnerabilidad como la expresión más profunda de la dignidad humana. En la religiosidad popular y sus diferentes formas –en las traducciones pictóricas, en las representaciones sobre la Pasión y en sus escenificaciones, en poemas y música– se ha desarrollado aquí un tipo, un símbolo, en el que las personas –unidas a lo largo de los siglos– han dado una expresión a la fe cristiana y a su dimensión de redención, especialmente frente a todos los abismos del mal. ­­

Biografia do Autor

Margit Eckholt, Universität Osnabrück

*Doctora en teología pela Universidad de Tübingen; Doctora honoris causa pela Universidad de Luzern. Profesora de Teología Dogmática (con teología fundamental) na Universidad de Osnabrück. Contato: meckholt@uni-osnabrueck.de

Publicado

2022-09-09